"If you can meet with Triumph and Disaster,

and treat those two impostors just the same"

Rudyard Kipling.-

jueves, 14 de mayo de 2009

Cuando el tiempo nos supera...

Definitivamente el tiempo me ha alcanzado y superado. Ni he podido hablar de ese gran día que viví el 26 de abril cuando corrí mi segunda maratón (4h05m11s) y participé en esa gran fiesta deportiva por las calles de Madrid (gracias a Elena, Fede y Gabri por su apoyo en directo, y a Ana por su apoyo en Atocha pese a no verla), ni he podido tampoco extenderme sobre ese nuevo gran éxito que fue el cuarto Masters de Nadal en Roma, éxitos a los que nos está acostumbrando y que algún día, esperemos que lejano, echaremos profundamente de menos.

Y es que el calendario ATP no perdona, y si te entretienes en exceso jugando al frontón, al pádel o al fútbol, los torneos se suceden y cuando te quieres dar cuenta no solo ya ha empezado el Madrid Open sino que además ya has pisado dos veces la Caja Mágica, una instalación espectacular y que verdaderamente sí que puede considerarse una joya arquitectónica por su diseño, pero a la que también habría que sacar sus peros, como por ejemplo, por la absurda e inconcebible norma de que no dejen pasar ningún tipo de comida ni bebida desde el exterior para que el aficionado de a pie (y no el de los palcos VIP) pague a precio de oro lo que desee consumir (como siempre la Organización pensando en el aficionado popular).



La primera vez que pisé la Caja fue el lunes para comprobar el gran momento de forma de Juan Mónaco (como bien me hacía ver Fede hace unas semanas) que se deshizo sin demasiada dificultad de Feliciano López (6-4 y 7-5). A buen seguro que Feliciano pensará que cualquier tiempo pasado fue mejor recordando el Madrid Arena y las tres ediciones en las que, cuando este torneo era indoor, alcanzó los cuartos de final. A continuación seguimos el encuentro entre Lourdes Domínguez Lino (única española superviviente en segunda ronda) y Elena Dementieva, que se llevó la rusa cómodamente (6-3 y 6-2). Un gran debut tenístico marcado sobre todo por una excepcional compañía.

La jornada del martes fue mejor aún que la del lunes porque siempre es un regalo para los ojos ver jugar a Mr. Federer. Con la misma plasticidad de siempre, con esa volatilidad que le hace flotar sobre la pista, el suizo desplegó su exquisita técnica para dejar tocado y noqueado a Robin Soderling en un primer set prácticamente perfecto (a los 13 minutos de juego el electrónico situaba ya un contundente 5-1). Aunque uno se acostumbre a ver a este superclase, he de decir que siempre que le vuelvo a ver en directo, me viene a la cabeza la primera vez que le vi jugar en Madrid, allá por 2003 ante el Mosquito Ferrero, donde pensé que no había nada más parecido en el deporte al revoloteo de una mariposa.