"If you can meet with Triumph and Disaster,

and treat those two impostors just the same"

Rudyard Kipling.-

jueves, 12 de mayo de 2011

Nadal pudo consigo mismo

Es cierto que Nadal ha jugados partidos decisivos, finales de Grand Slam, de Masters Series y de Copa Davis, pero el partido que sufrió ayer en Roma contra Paolo Lorenzi no lo olvidará en mucho tiempo.

Y es que cuando surgen las dudas, cuando uno ve cómo los passing shots últimamente no entran, cuando los smashes en un punto decisivo se van por mucho, cuando piensas que tienes enfrente al número 148 del mundo y que es segunda ronda (aunque tu primer partido) y que te está haciendo jugar dos metros por detrás de la línea de saque, cuando sientes que el Foro Itálico ruge apoyando a ese paisano romano que combate a muerte contra ti, debes creer que todos los elementos se han vuelto en tu contra y ya no soplan tan a tu favor. Y más, cuando piensas que estabas en la que creías una de tus casas, como Roma, donde ya ganaste cinco veces y donde levantaste el título contra Coria, Federer, Djokovic, González o Ferrer, y donde debería ser sencillo defenderse al ser uno de tus reductos, una de tus fortalezas, como Monte-Carlo, como Barcelona, como París.

Ayer Nadal estuvo flojo, como cuando jugó contra Federer o Djokovic en Madrid. Y estoy seguro de que si el número uno que se enfrentaba ayer a Lorenzi no se hubiera llamado Rafael Nadal, habría mordido el polvo y habría tenido que hacer las maletas. Pero el manacorí tiró de mentalidad, de serenidad y templanza, y supo sacar adelante un partido épico.

Tengo la sensación de que va a ser un punto de inflexión en lo que queda de temporada de tierra y de que le va servir para ganar tanto en Roma como en París. Al tiempo.