"If you can meet with Triumph and Disaster,

and treat those two impostors just the same"

Rudyard Kipling.-

lunes, 7 de junio de 2010

In Rafa we trust

Me pasó al verle ganar en Monte-Carlo ante Verdasco, y me volvió a pasar ayer por la tarde viéndole de nuevo ganar en París, en Roland Garros, en su torneo. Y es que la misma rabia de siempre me invadió ante aquellos agoreros, aquellos que aventuraban la cuesta abajo de Nadal con los ya clásicos tópicos y sentencias al estilo de "se machacó mucho los primeros años", "este chico se creía que su cuerpo no tenía límites" o "con ese juego tan físico no podía llegar mucho más lejos".

Y es que parece que cuando un deportista de élite no tiene un año absolutamente excepcional, a más de uno le gusta hacer sonar campanas de defunción. Y ahora que me paro a mirar de nuevo los resultados de Rafa Nadal en 2009, más injusto y aberrante me parece el recordar los comentarios que hacían referencia a una mala temporada, como la juzgaron algunos, por unos meses irregulares que tuvo a final de temporada. Porque ya quisieran muchos jugadores haber firmado un 2009 como el firmado por Rafa Nadal, año en el que ganaba el Open de Australia, los Masters de Indian Wells, Monte-Carlo o Roma, se hacía con el Godó o alcanzaba la final en Rotterdam, Madrid y Shanghai y las semifinales en el US Open. Todo eso en un año complicado por problemas físicos y personales. Por eso ayer, cuando el de Manacor acababa el partido, rompía a llorar y nos encogía el corazón a más de uno. Era su quinto título, pero éste era diferente. Por muy sobrehumano que pueda parecer, las dudas le tuvieron que asaltar al final de la temporada pasada, y quizá en los momentos más difíciles se le tuvo que pasar por la cabeza si algún día sería capaz de volver a ganar un Grand Slam.


Pero esto es como es, y parece que no ganar dos o tres Grand Slam al año o cuatro o cinco Masters ya no es suficiente, y la voracidad de victorias, de títulos, y lo que es peor, la facilidad con la que algunos aficionados se acostumbran a ella, provoca que se derriben proyectos de equipos o hacen perder rápidamente la fe en deportistas únicos, por mucho que estemos hablando del mejor deportista español de la historia, como sigo insistiendo en que hay que catalogar a don Rafael Nadal Parera.


Quizá alguno me catalogue de hooligan. Puede ser. Pero creo que tengo motivos para hacer estas afirmaciones y para ensalzar a este tenista. Lo hice cuando cayó al número 3, lo hago ahora que vuelve a ser número 1, y lo volveré a hacer cuando caiga del Top 10 (ojalá que sea dentro de muchos años).

Ayer Rafa nos volvía a dar una lección de superioridad aplastante. No fue especialmente espectacular, digamos que hizo un tenis de oficio, muy serio, con mucho aplomo, con firmeza, pero un tenis más que suficiente como para llevarse de calle su quinto Roland Garros, sin haber cedido un solo set, y sólo puesto contra las cuerdas por Nicolás Almagro en los cuartos de final. Soderling no fue rival, ni recordó al gigante que le eliminó el año pasado en octavos de final, o al jugador que en esta misma edición mandaba a Federer a casa.

Con el título de ayer, Rafa Nadal se convierte, con tan sólo veinticuatro años, en el segundo jugador en el palmarés del torneo de Roland Garros al sumar cinco títulos, sólo superado por el mítico Bjorn Borg que posee seis.


Sus seguidores estamos de enhorabuena, pero el mundo del tenis también, por tener la suerte de poder continuar viviendo esta época dorada que Nadal y Federer nos llevan brindando estos últimos años.