"If you can meet with Triumph and Disaster,

and treat those two impostors just the same"

Rudyard Kipling.-

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El tenista madrileño

Cuando uno anota un punto importante en su carrera, como hizo Fernando Verdasco hace diez días, le llueven los reportajes, las fotografías o las entrevistas. Así que es buen momento para descubrir la otra cara de los jugadores, su pasado y sus anécdotas. Como ya he comentado en más de una ocasión, guardo una admiración personal por la figura de Verdasco. Por un lado, porque es madrileño y me gusta que también salgan tenistas de aquí y no sólo del Mediterráneo, y por otro, porque creo que sigue guardando un potencial enorme, aún por enseñar de manera regular a todos los aficionados al tenis.

Buscando por la web, he descubierto este fabuloso reportaje sobre Fernando Verdasco, encontrado en la web de ABC, y redactado por Emilio V. Escudero.

«Ha sido el triunfo más importante de mi vida», aseguraba tras ganar el punto decisivo en la final de la Davis. No mentía. Y es que la vida de Fernando Verdasco (Madrid, 1983) ha girado siempre alrededor de una raqueta. Su familia es propietaria del restaurante «La Cañada» y allí fue donde Verdasco descubrió el tenis. «Todavía no sabía andar, pero cuando dábamos paseos con él en el carrito y nos alejábamos un poco de las pistas, se ponía a llorar y no había manera de callarlo», recuerda José, su padre. Amor a primera vista. A los dos años ya conseguía pasar la bola al otro lado de la red, aunque «abultaba más la raqueta que él», señala el cabeza de familia. En casa, a la hora de calmar el llanto, el único remedio eficaz estaba en la tele. «Nada de dibujos animados. Cuando su abuela no sabía ya cómo hacerle callar, le ponía un vídeo de McEnroe y mano de santo». Y así es como fue creciendo Verdasco, rodeado de su familia y de pelotas de tenis.



Mientras, en las pistas de «La Cañada», el grupo de tenistas iba en aumento, al igual que el interés de Fer. «Era un «mico», pero siempre estaba danzando por las pistas y a la mínima cogía una raqueta y se metía dentro», apunta «Tati» Rascón, uno de los protagonistas de aquellos primeros sueños del reciente ganador de la Davis. Hasta los cuatro años no pudo comenzar a dar clases con Charly, el primero de una larga lista de entrenadores. Después -a los 10 años- pasaría por la escuela de Víctor Laguardia, quien se emociona al recordar la primera vez que vió a Fernando. «Me quedé impresionado. Charly era mi fisioterapeuta y me estaba tratando el codo. Un día le pregunté sobre los chavales que estaba entrenando y me dijo que tenía a uno que le pegaba muy bien. «Pues vamos a verlo», le dije. Cuando salí y le ví pelotear me dí cuenta de que era muy bueno. «Charly, este chaval juega un montón. ¿Sabe sacar?. Anda, Fernandito, saca un poco...,», le dijo. Ese mismo día habló con su padre y le apuntamos a la liga de Madrid».



A los quince años se puso en las manos de Feliciano López, el padre del otro héroe de la Davis. «Yo entrenaba a un grupo de chavales, que eran de lo mejor que había en Madrid», relata Feliciano padre. «Me encontré con un chaval inconstante, pero muy buen competidor. El mejor de los que tenía. El día antes de una competición, si sabía que le iba a tocar enfrentarse con alguno de los del grupo, no venía ni a entrenar, para no cruzarse con ellos».

Los primeros puntos ATP

Su primer gran triunfo fue un Campeonato de España cadete. «Fer era un chico un poco irregular en los entrenamientos. Pero recuerdo que aquella vez, cuando quedaban unos días para ir al Nacional, entrenó como una moto, llegó allí a tope y ganó. Le sobraba talento y tenía un revés increíble», apunta el técnico. Los primeros puntos ATP llegan poco después, durante un circuito de la ITF en Madrid. Un partido de inolvidable recuerdo para Fernando, pero también para su entrenador. «En aquel torneo le tocó enfrentarse con mi hijo Feli en semifinales y lo pasé bastante mal. Por una parte quería que ganara Fer y por la otra Feli. Tenía el corazón partido, así que me tuve que ir de la pista, porque no aguantaba». Al final, fue Feli el que logró el triunfo, pero aquel día Verdasco comenzó a mostrar cosas que otros no tenían.

Fue entonces cuando llegó la llamada de Juan Avendaño y el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat. Allí se entrenaban lo mejores tenistas jóvenes del país y Fer necesitaba probar su tenis con ellos, pero una vez allí no acaba de sentirse a gusto y decide volver. «Es muy familiar y en Barcelona se encontraba solo. No se acopló a la vida lejos de nosotros», señala su padre. A pesar de este paso atrás, Verdasco no muestra nunca dudas sobre su futuro. Siempre lo tuvo claro y nunca hubo nada más allá del tenis.

De vuelta en Madrid, comienza a entrenar con Jesús Manteca y gana en Castellón su primer torneo, aunque el salto definitivo en su carrera llega en el Challenger de El Espinar en 2002. Pedro Muñoz, presidente de la Federación Española, le concede una «wild card» para jugar allí, y logra llegar a la final.



Esa temporada comenzó el 465 del mundo y acaba el 173, lo que le permite empezar a jugar torneos más importantes. Aquel gesto de Muñoz fue clave en su carrera. A partir de ese momento surge una gran amistad entre las dos familias que hoy sigue. «Ha hecho cosas mal», ha reconocido Verdasco, pero no por eso «voy a decir que se vaya».

Tras otro breve paso por Barcelona, se asienta definitivamente en Madrid. Arropado por su familia y los amigos saca a relucir su mejor tenis y con 21 años acaba la temporada en el puesto 36. Ese año se pone por primera vez a las órdenes de «Pepo» Clavet, que se convirtió a partir de 2005 en su técnico de referencia. «Su gran problema era la mentalidad, pero, después de ver la final de la Davis, parece que ya lo ha superado». Aunque no es un tipo de manías, «Pepo» recuerda que «era llegar a la pista y decir que tenía ir al baño. «Joder, ¿por qué no has ido antes?», le decía yo. Pero no había manera. Casi todos los días igual».

El año pasado, Clavet le dio el relevo a «Tati» Rascón, aquel chaval que entrenaba en «La Cañada» en la infancia de Verdasco y que ha puesto toda su experiencia al servicio de aquel niño que miraba desde detrás de la valla. «En diciembre del año pasado nos volvimos a encontrar y me ofreció viajar con él a algunos torneos. Me encontré con un gran jugador, con uno de los cinco o seis mejores potenciales del mundo a nivel técnico. Le fallaba un poco el aspecto mental». Otra vez la cabeza. Su asignatura pendiente, que ha superado con creces en Argentina.

Punto de inflexión

La Davis debe ser un punto de inflexión en su carrera. Un empujón hacia el top-10. «Ese es el objetivo del año que viene», coinciden «Tati» y su padre. Eso, y Wimbledon, su otro sueño. «Es su torneo favorito. El que siempre ha querido ganar desde pequeñito. Ese, y Madrid», desvela su padre desde la pequeña oficina del «Café de Chinitas», otro de los locales propiedad de la familia. «Siempre que está en Madrid viene por aquí con los amigos». El fútbol es otra de sus pasiones. No se pierde un partido del Madrid y, cuando no está fuera, es un habitual del Bernabéu. Allí estuvo hace poco con Ana Ivanovic, su novia, y una de las mejores jugadoras del circuito femenino. «Una chica sencilla y guapísima», apuntan los más cercanos, «como él». El tapado. El chico que se dormía viendo a McEnroe.

2 comentarios:

Galoagui dijo...

Sí que está buena sí...

Ah, y el artículo muy bien.

jejeje.

wallabee dijo...

Si es que te pierdes... mira que el artículo dice sutilmente y sólo al final lo de Ivanovic y sólo tienes ojos y mente para ella... :)

Ayyyyyyyy... por cierto, ayer estuvo la pareja en el Bernabéu viendo el partido contra el Zenit.