"If you can meet with Triumph and Disaster,

and treat those two impostors just the same"

Rudyard Kipling.-

sábado, 18 de abril de 2009

Día 1: Gracias, Uncle Toni

7:30, el reloj biológico, que no el despertador, me hace abrir los ojos. Rápidamente me dirijo a la ventana, corro la cortina y un día tremendamente soleado se abre ante mis ojos. Uncle Toni ha debido volver a usar sus poderes mágicos para evitar que la lluvia nos arruine la jornada en Monte-Carlo.

Tremendamente alegre por esos rayos de sol, me calzo las zapatillas, me ato el MP3 en el brazo y salgo del Ibis dispuesto a conquistar Niza. Y así hago. Con una alegría en las piernas y en el alma, correteo por el paseo marítimo de esta bella ciudado mientras no dejo de perder de vista el mar... Al ritmo del "I´ll stand by you" las piernas de mueven solas y es el alma la que disfruta de semejante espectáculo con esa mancha azul gigante a tu lado continuamente.



Ya de vuelta al hotel, ducha rápida y salimos disparados al Monte-Carlo Country Club. La carretera que conduce al entrañable pueblo de La Turbie está en obras. El tiempo va pasando y los agobios entran. Pero al final hay suerte y podemos disfrutar de ese inesperado partido de octavos Nadal v Lapentti con el que no contábamos, pero que la lluvia del jueves nos deja de regalo. Partido asequible para un balear que se muestra muy superior y no da ninguna opción al ecuatoriano. Si el tiempo lo permite habrá sesión doble de Nadal, pues esa misma tarde jugaría los cuartos de final.



Segundo partido del día: el esperadísimo Verdasco v Djokovic. El jugador que dio un paso al frente a principios de año en Brisbane y Melbourne frente al siempre duro número tres del mundo. El madrileño empieza distraído y cuando se quiere dar cuenta ya va un set abajo. En la segunda manga reacciona, y aguanta el tipo frente al serbio en todo momento, pero un momento en el que baja la guardia permite a Nole Djokovic adjudicarse un break y romper el partido a su favor. No es el Fernando de Australia y se nota la diferencia de nivel entre uno y otro jugador. Verdasco se muestra especialmente impulsivo y ese exceso de revoluciones parece que le han pasado factura ante un superclase como Djokovic.



Tercer partido del día: en la pista central un poco apasionante Beck v Wawrinka, así que decidimos coger nuestras cosas e intentar entrar en la Court des Princes, donde jugarán Feliciano y Verdasco su encuentro de dobles. Poca historia en un partido marcado por la fragilidad de Feli López con su saque. No anduvo fino y allí fue donde Buhpati y Knowles sacaron tajada. En cualquier caso, pese a lo interesante que puede llegar a ser, no me acaban de convencer las formas de puntuación que se utilizan en los partidos de dobles.

Regresamos rápido a la central porque llega el turno de don Rafael Nadal Parera. Su partido de cuartos contra Ljubicic es quizá el momento más esperado del día. Con un sol que ya no aprieta, y unas semifinales en juego, el balear tiene que lidiar con un jugador venido a menos, que parece querer reengancharse a puestos más altos de la ATP de los que actualmente ocupa. Ivan Ljubicic demuestra clase a raudales, y me viene a la cabeza aquella semifinal de Roland Garros de 2006, cuando tuve la suerte de ver a estos dos mismos protagonistas sobre la tierra batida de la Philippe Chatrier. Pero el tiempo ha pasado, y lo que en su día fue un partido muy entretenido (6-4, 6-2 y 7-6), esta vez se convirtió en un paseo rápido del balear: 6-3 y 6-3.



El día se cierra con el que, sin duda, fue el mejor partido del día: Murray v Davydenko. Un partido con altísimas lecciones de tenis tanto de uno como de otro. Si Murray puso golpes a las líneas y toda la resistencia posible, Davydenko dejó para el recuerdo unas cuantas dejadas para el recuerdo producto de una muñeca prodigiosa. Sólo el frío que aumentaba cada vez más en la Central nos hizo desear que no hubiese tercera manga y que Murray cerrara el encuentro con ese 7-6 y 6-4, permitiéndonos así reencontrarnos con esa genial pizzería que es la St. Roman, situada justo a la vuelta del Monte-Carlo Country Club, donde una ensalada de pollo y una pizza St. Roman, engalanada con queso de cabra, nos esperaban para reponer fuerzas.