"If you can meet with Triumph and Disaster,

and treat those two impostors just the same"

Rudyard Kipling.-

martes, 1 de julio de 2008

Y el sueño se hizo realidad...

Mi padre entra en mi habitación y me dice: "¿Pero tú a qué hora te vas?" Me despierto sobresaltado pensando que son las doce y que el resto de la expedición estará ya sobrevolando el Mediterráneo. No, no puede ser. Apagué el despertador del cansancio acumulado que guardaba. Miro corriendo el móvil: las ocho de la mañana. Me doy cuenta que me esperaban a las ocho menos cinco en la calle. En esos momentos suena el móvil, respondo con un rápido: "¡¡Perdona, ya bajo!! ¡¡Me he quedado dormido!! Bajo en cinco minutos."

Cojo rápidamente un cepillo de dientes, el DNI, la cámara de fotos y LA ROJA, siempre LA ROJA. Con ella ganamos a Suecia, con ella ganamos a Grecia, con ella ganamos a Italia y con ella vamos a ganar esta final.



Nunca olvidaré cuando la compramos en Innsbruck, para aquel Suecia v España. Dudo en si llevarla puesta desde Madrid porque son muchas horas. Decido reservarla para cuando lleguemos a Viena y en su lugar, me pongo una camiseta roja de algodón. Y es que hay que ir significándose desde primera hora.

En lo que me pongo unos vaqueros y cojo unos pantalones cortos, mi padre me prepara un kit de emergencia consistente en dos plátanos y dos croissants que cazo al vuelo de camino al ascensor, cual Indurain a la subida del Tourmalet. Con las zapatillas sin atar bajo a la calle y sí, siguen las malditas obras del Canal. Tengo que buscarme la vida para salir del portal y llegar al coche donde me esperan con una sonrisa. Así da gusto.

Recogemos en la puerta del Vips al resto de la expedición y salimos hacia la T-4. 585 kilómetros y 8h45min para realizarlos. Ésa es la meta, ése es el objetivo. En principio, parece tiempo de sobra. Tendríamos un margen de unas tres horas ante cualquier incidente. Incidentes que, por cierto, no tardan en aparecer. Según nos montamos al avión, nos informan que el avión saldrá con una hora de retraso debido a que el aeropuerto de Venecia sólo tiene operativa una pista de aterrizaje. Nervios en la expedición.

No pasa nada, todo controlado. Pero que funcione, que esa pista de aterrizaje funcione. Que no nos desvíen a Milan o a Roma, que sería mortal para nuestras ilusiones. Afortunadamente la pista de aterrizaje está operativa. Recalculamos las cuentas y tenemos ahora 585 kilómetros y menos de ocho horas para cubrirlos. Todo controlado.

Corremos hacia los mostradores de los coches de alquiler como si nos persiguieran por la terminal, intentando adelantar a otros españolitos que también tienen coche reservado. Europcar, Avis, todos los mostradores están vacíos, excepto el de Hertz, que tiene una cola inusual. No puede ser. Al menos cinco personas delante de nosotros queriendo recoger su coche alquilado. Para darle más emoción, una de las dos dependientes se marcha. Terrible. Aprovechamos para comer ya allí mismo en la cola unas porciones de pizza cuatro estaciones y un caprese. Pasan los minutos y con la pizza en la mano, me pongo a firmar todo lo que la italiana me pide. "¡¡Te firmo lo que quieras, pero dadnos ya el coche!!". Por fin tenemos nuestro Lancia Ypsilon y un Peugeot 107 ROJO. Buen presagio, un toro rosso para ir hacia Viena.



Nuevo recálculo: 585 kilómetros y 7h45min para cubrirlos. Nos estamos comiendo todo el margen. Entre Venecia y Udine, nos avisan por los carteles de la carretera que se nos avecina un atasco de 5 kms. Y desgraciadamente, los pronósticos se cumplen. Ya lo viví unos días antes de Venecia a Milan, así que echo cálculos e intuyo que una hora de caravana nos espera. Un accidente en el sentido contrario de la autopista. Se acabó el margen. No habrá tiempo para descansar, habrá que hacer un cambio de conductor rápido y echar gasolina.

Los tiempos se van cumpliendo, parece que vamos a llegar a tiempo. Todo empieza a estar controlado por fin cuando a la entrada a Viena los coches comienzan a amontonarse y nos viene a la cabeza la A6 un domingo de verano en Madrid. 21 kilómetros quedan. Eso es una media maratón. Queda 1h40min. En ese tiempo se podría hacer corriendo. Me doy ánimos.

¿Y si vamos por el arcén? Los coches avanzan lo justo como para no tomar la decisión de ir por el arcén. Nos entretenemos con un niño austriaco de otro coche que se dedica a agitar su camiseta roja de Austria, animando el atasco. Poco a poco seguimos avanzando hasta que por fin se disuelve el atasco y podemos circular hasta el estadio.



Llegamos al estadio. Ha llegado el momento de animar, de cantar, de alentar como nunca. Allí nos esperan con las entradas. Es una final histórica y vamos a ganarla. Somos muchos menos que los alemanes, pero se nos oye mucho más.

El partido comienza mal. Los alemanes aprietan mucho. No vemos la pelota, Iker se dedica a mandar balones largos a Torres. Ése no es el camino porque Metzelder es más alto y se va a llevar todas. La pelota tiene que ser nuestra. Que la toquen los bajitos, que aparezca Iniesta, Cesc, Xavi... como siempre. Así no.

Empezamos a tocarla, empezamos a llegar. Torres al palo, Xavi y Senna comienzan a mimarla. Ése es el camino.

Gol de Torres. Locura en la grada. Abrazos entre nosotros. Éxtasis, felicidad, emoción. La final ya está encarrilada. Con el marcador a favor todo parece más fácil. Abrazos con los de enfrente, con los de al lado, con los de atrás, como si fuéramos conocidos de toda la vida.



Descanso. Segundo tiempo. Baile a los alemanes. Qué grande es Xabi Alonso. Baile completo. Jugadón que no puede culminar Senna. Hubiera sido el gol de la Eurocopa. Se lo merecía el hispano-brasileño. Que acabe, que acabe ya... El corazón se nos hiela. A punto de marcar Alemania. Estaba invalidada. ¡Pita, pita, pita ya!

¡Final! ¡¡Campeones, campeones, campeones!! El partido acaba y llega ese momento tan deseado: la fiesta y la entrega de la copa. ¡Campeones, campeones, campeones! La grada es una locura, el campo es una fiesta. Es nuestro momento. Ése parecía un momento exclusivo propiedad de Alemania, de Italia, de Francia, Argentina o Brasil. Pero es NUESTRO MOMENTO. Parecía que eso nunca nos iba a pasar a nosotros... ¿Quién nos lo iba a decir cuando arrancó la Eurocopa? Iker es fotografiado para la eternidad levantando la Eurocopa de manos de Platini. ¿El mejor jugador francés junto al mejor jugador español de la historia? Quería ver esa foto.



Una hora después de que acabase el partido salimos del estadio. Los alemanes felicitan a los españoles. Grandes. El camino de vuelta es duro, es largo, pero es un camino feliz cuando los sueños se cumplen. Campeones de Europa... ya no tendremos que vivir del gol de Marcelino. Hemos visto a España ser campeona allí mismo, hemos sido testigos de la historia... Podremos recordar este gol de Torres para siempre. Tenía que marcar en la final y lo ha hecho.



La vuelta nocturna desde Viena a Venecia es feliz, muy feliz. Da igual parar a dormir en una gasolinera o en un área de descanso. Toda la paliza ha merecido la pena, esto es una vez en la vida. En el avión caemos derrotados, a nosotros no nos bailaron La Macarena las azafatas, pero el comandante también debía haber pasado su noche de fiesta, cuando recién aterrizados en la T4 nos sorprende con un: "Ya hemos aterrizado en Sevilla".

¿Y en Wimbledon qué? Pues hoy miércoles tenemos auténtica dinamita en la Central: Federer v Ancic, o lo que es lo mismo, Federer contra el último jugador en derrotarle en el All England Tennis Club. Me hubiera encantado tener un Federer v Verdasco, pero no pudo ser, Mario Ancic se defendió como nunca y se llevó el partido con un meritorio quinto set (11-13). Sigo insistiendo que ésa es la senda que debe seguir Verdasco para convertirse en Top 10. Cuestión de tiempo.



Y después de esta perla, tenemos el auténtico partido del torneo hasta la fecha: Murray v Nadal. O lo que es lo mismo, un jugador local que viene como una moto, contra un Nadal que también se está mostrando intratable sobre la hierba. "Juego por Escocia" dice Murray, pese al apoyo de toda la central. Pero eso no afecta a una afición enloquecida con él y que vibró ayudándole a superar su partido de octavos ante Richard Gasquet. Este escocés se moverá como pez en el agua mañana miércoles. Yo intuyo partido a cinco sets, y quizá partido histórico.



Ojalá no sea así y Rafa Nadal pueda controlar la situación antes, pero mucho me temo que le tocará un trabajo muy difícil. 3000€ piden los reventas para este partido, o lo que es lo mismo tres pagos de una hipoteca media. Tocará disfrutar de los comentarios de José Antonio Mielgo, Conchita Martínez y Roberto Carretero en Canal+. Habrá que poner un ojo continuo en el partidazo entre Feliciano y Safin. Apuesto por Feli, se merece ya unas semis en Wimbledon y un momento de gloria ante Federer en la Central.

2 comentarios:

pipita dijo...

grande, grande, grande!!!

sin duda, la mejor expedición y el mejor viaje jamás vivido. 3 semanas disfrutando del futbol y de la compañía de todos vosotros.
Futbol, tenis, padel, turismo, pueblos de mierda... fiestas tradicionales, ... todo ha estado a la altura de algo que recordaremos para siempre

grande rino!!!

wallabee dijo...

¡Gracias!

¡¡Hasta la selección estuvo con nosotros después de 44 años proclamándose campeona y jugando tan bien al fútbol!! ¡Y nosotros estuvimos con ella!