"If you can meet with Triumph and Disaster,

and treat those two impostors just the same"

Rudyard Kipling.-

domingo, 8 de junio de 2008

Y Nadal se hizo leyenda

Con una autoridad insultante y con la presencia de los campeones más importantes de los ochenta años de historia que se cumplían en esta edición de Roland Garros, esta tarde Rafael Nadal se proclamó campeón del mítico torneo parisino por cuarta vez consecutiva.





Enfrente tenía al de siempre, al mejor jugador del mundo, probablemente al jugador de tenis que pasará a los libros como el mejor de la historia, pero ésa no parecía barrera suficiente para el mallorquín, que tenía hoy una cita con la leyenda, con la grandeza, con el mito, y que tenía muy claro que quería inscribir su nombre junto al de Bjorn Börg como único jugador de la historia capaz de conquistar la Copa de los Mosqueteros en cuatro ediciones consecutivas.



A esa claridad de ideas de un Nadal que saltaba a la pista dispuesto a no recibir ninguna sorpresa del suizo, parecía que se unía un Roger Federer que quizá veía inapropiado colarse un día como hoy en la fiesta del balear. No sé si por temor o por un respeto ganado en cuatro temporadas exitosas, el caso es que el suizo apenas quiso hacer ruido en la reserva india del Jerónimo mallorquín.



Quizá el helvético tenía miedo a que el jefe apache le infligiera un severo correctivo. Pero su prudencia, su silencio, sus nervios y el escaso daño que hacía con sus golpes no sirvieron para provocar la más mínima clemencia por parte del balear.

El indio manacorí quería marcar su territorio, quería dejar claro quién era el dueño de la final y del torneo, quería demostrar ante Borg, Vilas, Wilander, Nastase, Santana y Yannick Noah que él está dispuesto a ser mejor que todos ellos y a entrar en la historia del tenis como el mejor jugador sobre tierra batida. Y qué mejor forma de hacerlo que machacando al número uno de una manera antológica: 6-1, 6-3 y 6-0, con apenas cuatro juegos que conseguía convertir el suizo en dos horas de juego, unas cifras absolutamente demoledoras. Federer caía en tres sets, de la misma forma que Nico Almagro lo hacía en cuartos (tres juegos del murciano) o Djokovic en semifinales. El suizo era uno más de estos grandes jugadores de tierra reducidos a la nada en unos días.



Desde 1977 no sucedía que la final masculina se resolviese únicamente en tres sets. En aquella ocasión fue Guillermo Vilas el que vencía a Brian Gottfried por un resultado muy similar (6-0, 6-3 y 6-0), justo un año antes de que comenzara el reinado de Borg que enlazó sus cuatro torneos consecutivos entre 1978 y 1981. Parecía como si Nadal estuviese haciendo un guiño a la historia, un guiño a ese "palco de foto" repleto de campeones, y en concreto a esos dos exquisitos jugadores de tierra como Vilas y Borg.

Acabó el partido y el balear apenas levantaba los brazos alegrándose por su triunfo. A diferencia de otras veces no se tiraba al polvo de ladrillo a celebrar la victoria, como si se sintiese incluso avergonzado por lo que había hecho al propio Federer, que había dado más la imagen de un jugador revelación que se planta en una final de Grand Slam que la de un número uno que lleva más de cuatro años ocupando la más alta posición de la lista de la ATP.



Como el auténtico Jerónimo, Nadal también nació en junio, y parece tener una misión clara desde su ascenso al número 2: defender todas las reservas desérticas de tierra batida, como ha hecho hasta ahora con un palmarés brutal. Cuatro títulos en Monte-Carlo, cuatro títulos en Barcelona, tres en Roma, uno en Hamburgo y cuatro Copas de los Mosqueteros llenan las vitrinas del salón de su casa. Ahora que acaba la temporada de tierra, yo me quedo con una sensación más que positiva. El progreso de Nadal cada vez es mayor y parece que el primer Grand Slam fuera de París está ya al caer. Wimbledon, Open USA y Open de Australia están ya al alcance de las manos del apache Nadal, y quizá este marcador tan contundente haya sido una forma de marcar el territorio ante una inminente cita con el suizo en Londres, Nueva York o Melbourne.

De momento, tocan días de descanso de estos excelentes quince días en París y de disfrute y goce de esta cuarta Copa de los Mosqueteros. Podemos decir con todo el orgullo y satisfacción que Nadal ya es leyenda.