Hemos visto a Nadal ganar su cuarto Masters Series de Monte-Carlo en una final contra el gigante Federer, hemos vivido un ambiente bastante familiar y acogedor en el Country Club, hemos disfrutado de ocho partidos de primer nivel y para fin de fiesta pudimos bajar a la central a hacernos unas fotos sobre la tierra batida con el auténtico protagonista de estos días: Rafa Nadal.
Comentaba en el primer cuarto de final un grupo de jubilados lo poco que transmitían Davydenko y Andreev con su juego, y precisamente, su absoluta comunión con la grada y el aficionado es la gran virtud de este tenista balear, llamado a convertirse el mejor deportista español de todos los tiempos, si no lo es ya.

Ayer entró en la historia ganando su cuarto título en Monte-Carlo y su primer título en dobles con Tommy Robredo, y nunca se nos olvidará que estuvimos allí. Nadie desde hacía casi veinte años años ganaba individuales y dobles la misma temporada, nadie había ganado cuatro veces en Monte-Carlo, ni míticos jugadores de tierra como Bjorg, Nastase, Wilander o Vilas. Estaba escrito que nadie podría pararle, por mucho número uno que tuviese delante, porque sigue escribiendo poco a poco su leyenda del mejor jugador de La Tierra, y ayer quiso escribir una de sus páginas más brillantes con nosotros delante.
Sólo podemos decirle: GRACIAS.
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