"If you can meet with Triumph and Disaster,

and treat those two impostors just the same"

Rudyard Kipling.-

martes, 27 de mayo de 2008

Día 3: París, ¿la ciudad de la luz?

Muy pocas noticias en la jornada de hoy. Como decía Miguel Ángel Zubiarrain en la SER, París necesita del tenis y el tenis necesita de París, y hoy se han echado de menos. Yo he quemado el DVD durante doce horas hoy para apenas conseguir grabar media hora de tenis, y es que ni Ferrero ni Ferrer saltaron a la pista. Quien sí lo hizo fue Nadal para jugar apenas dos juegos en medio de una tarde cubierta (con qué decisiones de la organización tan absurdas tienen que tragar a veces los jugadores). Así pues sólo hay que destacar las victorias de Davydenko sobre Johansson, Wawrinka sobre Kohlschreiber y Soderling sobre Mónaco, todas ellas en tres sets. Particularmente me quedo con una victoria que me ha sorprendido, la de Mario Ancic, jugador sobre el que tengo cierta devoción, que ha vencido a Andreas Seppi 6-2, 7-6 (1) y 6-2. Feliciano López y Marc López reanudarán mañana sus partidos con dos sets a uno abajo.

Tampoco pudo jugar Nuria Llagostera, que hoy debutaba contra la cabeza de serie nº6, Chakvetadze. Y es a ella a quien quería citar, ahora que el tenis femenino empieza a dar ligeras muestras de recuperación, con la presencia de España en la final de la Copa Federación o la reválida de Anabel Medina en el torneo de Estrasburgo como ya hizo el año pasado. Hace unos días, Nuria Llagostera concedía una exclusiva en el Interviú, y dejó frases bastantes interesantes sobre las que los dirigentes de la ATP, la WTA y sobretodo, de la Federación Española de Tenis y del Consejo Superior de Deportes, deberían reflexionar. Es cuando menos curioso, ver las abismales diferencias entre la situación de unas jugadoras como Nuria Llagostera y otras que ocupan los primeros puestos como Maria Sharapova o Ana Ivanovic. La entrevista está extraída de la web de Interviú.


El talento de esta tenista mallorquina ha facilitado al equipo español disputar el 13 y 14 de septiembre la final de la Copa Federación contra Rusia, gracias a los tres puntos que ganó en la eliminatoria con China.

—Viéndola jugar, ¿quién decía que detrás de Arancha Sánchez Vicario y de Conchita Martínez no había nada?
—Sí, eran extraordinarias y lo ganaban todo, pero da rabia que siempre nos comparen con ellas. Al menos este triunfo contra las chinas sirve para que se nos reconozca y nos ayuden. Muchos de los que nos criticaban ya dicen que el tenis femenino español no está tan mal.



—¿Se considera la heroína del equipo español?
—No. En Pekín gané tres puntos, pero el mérito fue de todo el equipo. En mi carrera he tenido épocas muy buenas –en 2005 era la 35 del mundo– pero a nivel de popularidad ahora atravieso mi mejor momento.

—¿Es factible ganar a Rusia?
—Aunque jugaremos en la pista que mejor nos va, está muy complicado. Tienen un equipazo, ya que cinco de sus jugadoras están entre las diez mejores del mundo. Pero las rusas carecen de nuestra casta.

—Tiene mérito llegar tan lejos con 1,57.
—Mi estatura es un hándicap, pero me permite ser más rápida que las demás y suplo con la anticipación algunas de mis carencias. Además, tengo un buen revés, con el que gano muchos puntos. Y cuando me pongo, tengo mucha garra.

—¿Por qué su carrera ha tenido tantos altibajos?
—Lo he pasado muy mal. Hace ocho años se mató mi único hermano en un accidente de moto y unos meses después llegó la separación de mis padres. El tenis fue mi vía de escape y logré remontar. Pero en 2006, cuando estaba mejor que nunca, sufrí dos graves lesiones y me quedé un año en el dique seco.

—¿Pensó que era el final?
—No, de haberlo pensado nunca me hubiera recuperado. Pero tuve coraje, vuelvo a estar arriba y tras este éxito en la Copa Federación, espero escalar posiciones en el ranquin.

—¿Qué objetivos se ha marcado este año?
—Acabar entre las 30 primeras del mundo y clasificarme para los Juegos Olímpicos. Si lo hago bien en los torneos de Roma, Estrasburgo, Roland Garros y Barcelona, es factible que lo consiga. Me voy a dejar la piel para estar en Pekín.

—¿Y no sueña con ganar Roland Garros?
—Todas las noches, pero lo tengo difícil. Ojalá este año llegue a cuartos de final. ¿Qué me falta? Ser más constante, ya que tengo épocas buenísimas y otras en las que se me va la olla y soy muy pasota.

–¿Por qué?
–El tenis es muy duro. Pasas al año 270 días fuera de casa y terminas hasta las narices de tantos aeropuertos, de tantos hoteles… A veces me despierto y no sé dónde estoy. Pero luego la lías en un torneo y te vienes arriba. Para ganar partidos hay que estar motivado.

—¿Gana mucho dinero jugando al tenis?
—Mucho, no. Lo suficiente para pagarme mi pisito en Sabadell, porque en Barcelona están carísimos. Siendo mujer, lo tienes que hacer muy bien para ganarte la vida. La gente se piensa que todos cobramos lo mismo que Nadal o Federer, y eso son excepciones. De publicidad yo no percibo nada. Mis únicos premios son mis resultados.

—¿Y si ganara Roland Garros?
—Me darían un millón de euros, más toda la publicidad que me vendría. Pero me conformo con llegar a octavos de final (45.000 euros). Con eso, tendría para pagar unos meses la letra de la hipoteca y el sueldo de mi entrenador.

—Entrenador que tiene que compartir…
—Sí, con otras ocho jugadoras. De lo contrario, es imposible hacer frente a todos los gastos. Créame, soy una curranta del tenis. Ahora, porque estoy entre las 100 mejores, pero he tenido que jugar torneos que, aunque los he ganado, me han hecho perder bastante dinero. Y se pasa muy mal. La gente se cree que todo es Roland Garros o Wimbledon. Hay torneos asquerosos a los que tienes que ir por narices por tu clasificación y sola, sin entrenador.

—Entonces, no ha cambiado su residencia fiscal.
—No. No tengo tanto dinero como para que me valga la pena. Pero sé que muchos tenistas y otros deportistas están en Montecarlo, en Inglaterra, en Andorra…

—¿Y usted lo ve bien?
—Sí. Y entiendo que se vayan fuera porque a veces nos toman el pelo. Si yo ganara tanto dinero como Nadal y con eso dejara de pagar según qué impuestos, cambiaría mi residencia. Como nuestra carrera es tan corta, le pediría al Gobierno que a los deportistas de élite nos pongan en un apartado diferente y que no nos hagan pagar casi el 50 por ciento. Me parece injusto que pese a lo poco que gano, siempre pague el máximo y que no tenga ni seguridad social. Y si me lesiono, a comerme los mocos.

—¿Hay dopaje en el tenis?
—Por desgracia, como en todos los deportes. Muchos, por desconocimiento, se toman un jarabe para curarse el resfriado y se pegan dos años sin jugar. Y también las hay que se meten de todo y, como tienen buenos médicos, nunca las pillan.

—¿Es normal que haya tantas rusas entre las diez primeras?
—Sí. Como han pasado tanta hambre en su país, tienen ese carácter ganador y odian perder. En España, al vivir tan relajados, no lo apreciamos; pero ellas, como lo han pasado tan mal, no dan una bola por perdida.

—¿En el tenis femenino hay mucho lesbianismo?
—No mucho más que en otros deportes. Es normal. Tantas horas juntas, compartiendo la misma habitación… El roce hace el cariño y en el circuito femenino en pocos torneos coincidimos con los hombres.

—¿Por qué se desnuda en interviú?
—Las fotos que hacéis son bonitas, para venderme un poco y para ver si alguna empresa se fija en mí y me sale algún contrato. No seré tan alta o tan guapa como las rusas, pero tengo mis cosas bonitas.

—¿Qué pensarán al verla sus compañeras del circuito?
—Dirán que qué huevos tengo por ser tan atrevida y se reirán de mí. Que piensen lo que quieran. Lo importante es sentirme bien conmigo misma y jugar bien al tenis.

—Explíqueme la broma que le gastó su prima hace años.
—Se hizo pasar por una de la revista ‘Playboy’ y creí que iba a ser la portada de ese mes. ¡Si hasta me entrevistaron en el programa ‘El larguero’ para seguir la broma! Por eso, cuando me lo propusisteis, tampoco me lo creí.

—¿Si hubiera jugado al pádel con Aznar como hicieron otras tenistas, le habría ido mejor?
—No he sido tan popular como para que quisieran jugar conmigo. Pero sí me llamó el ex presidente de Baleares, Jaume Matas, para hacerme una foto con él en una campaña electoral y le dije que no.

—¿Qué le parece que en el Gobierno de Zapatero haya más ministras que ministros?
—Esto de los sexos y del machismo o feminismo me da igual. Lo que quiero es que haya gente cualificada, tanto si son hombres como mujeres.