"If you can meet with Triumph and Disaster,

and treat those two impostors just the same"

Rudyard Kipling.-

lunes, 19 de mayo de 2008

El mayor espectáculo de la tierra

Si el sábado tuvimos durante tres horas una auténtica exhibición de tenis y emociones entre Rafa Nadal y Novak Djokovic, ayer domingo Roger Federer y el propio Rafa Nadal elevaron el nivel de tenis a lo sublime y nos ofrecieron una final más para recordar dentro de su legendario duelo.

Roger Federer cogió su estilográfica y comenzó a escribir los primeros párrafos de esta hermosa historia de amor y odio que mantiene con Rafa Nadal. Fiel a su estilo, arrancó como siempre, como una máquina perfecta: marcando un ritmo brutal, absolutamente centrado, moviendo a Nadal, sacando bien y subiendo a la red, restando mejor aún los servicios del manacorí. Resultado: 5-1 y primer set en el bolsillo.

El balear no encontraba la inspiración y un amago de tirón, con la presencia del fisio en la pista, hacía saltar las alarmas en todo el mundo tenístico que pensaba que la final iba a quedar descafeinada. Parecía que Federer tenía todo de cara para reescribir su título de tetracampeón de Hamburgo por el de pentacampeón del torneo alemán.



Pero más que fisio fue un chamán el que entró en la pista, ya que tuvo efectos mágicos en Rafa Nadal y devastadores en la cabeza de Federer. Rafa Nadal ganó su segundo juego, y con 5-2 su espíritu de Jerónimo le hizo creer en la remontada. Si ya había pasado en la final de Monte-Carlo de este año donde levantaba aquel 4-0, ¿por qué no iba a pasar esta vez con 5-1?

Como vasos comunicantes, la fe en la remontada crecía a pasos agigantados en el balear con la misma rapidez que el miedo empezaba a agarrotar los golpes del suizo. ¿Sería posible? Parecía que no. La dificultad era mayor que nunca esta vez, pues Federer comenzaría a disfrutar de bolas de set. Y así fue. En el séptimo y octavo juego Federer dispuso de bolas para cerrar la primera manga, pero Nadal las pudo defender. La remontada estaba cada vez más cerca en el horizonte, y los breaks al poderoso servicio del suizo se sumaban a la fiereza con que el genio de Manacor defendía sus saques. Seis juegos seguidos obraban el milagro en el Rothenbaum de Hamburgo, el 5-7 era una realidad.



Quizá en ese momento, Federer debió llamar a otro chamán particular, o a un psicólogo, alarmado por la crisis en la que había entrado su juego. Y es que un séptimo juego seguido de Nadal, permitía al balear adjudicarse el juego inicial de la segunda manga. El suizo parecía encallado, pero supo reaccionar y tiró de experiencia, de la final del año pasado, de su también excelente juego en tierra y consiguió despertar. La bestia volvía a rugir e inflingía un durísimo correctivo al balear. El 1-0 con el que Nadal había abierto el segundo set se convertía rápidamente en un 1-4 para el suizo, con la consiguiente tranquilidad para la afición suiza, personalizada en Mirka Vavrinec, que comenzaba a respirar más tranquila con medio set en el bolsillo y contienda igualada.

Pero una vez más, quien estaba enfrente era don Rafael Nadal Parera, que parecía estar tomándose un respiro tras el parcial de 7-0 que se había anotado y la paliza de tres horas que había sufrido el sábado ante Novak Djokovic. Y él también comenzó a rugir. Del 1-4, rápidamente se pasó a otro majestuoso 5-5. Sacaba Federer para asegurarse el tie-break cuando lo inaudito volvió a hacer acto de presencia: 0-40. Nadal disponía de tres bolas de break para situarse 5-6 y servir para ganar el partido, la final, el campeonato.

Fue entonces cuando Federer dijo que por ahí no, que no estaba para aguantar semejante chaparrón, y sacó los mejores saques posibles de su repertorio, inhabilitando cualquier opción de break del nº2 del mundo. 6-5 para el suizo, y saque para Nadal que pudo asegurarse el tie-break en el segundo set. Pero esas tres bolas de break le pesaron a Nadal en el jeu decisif, que no jugó bien. Bolas fáciles se le fueron un poco largas, y el suizo, un experto en estas lides, se agarró muy firme a su saque, permitiéndole adjudicárselo por 7-4. El último Masters Series de la temporada de tierra se decidiría en el tercer set.

Y la historia parecía tener reservada un hueco en el palmarés de Hamburgo para Rafa Nadal. El tenis quería ser justo con los mejores jugadores de los últimos tiempos, y quería que Nadal, el mejor jugador de la tierra, escribiera también su nombre en esta última edición del torneo de Hamburgo, ahora que parece que puede dejar de tener la consideración de Masters Series. Y también el propio tenis quería reivindicar este torneo con una final tan espectacular como la vivida entre estos dos auténticos colosos del deporte mundial.



Nadal comenzó el set con muchísima firmeza, sabiendo que en la valentía está la victoria. Con un juego agresivo y terriblemente sólido en su saque, el balear se colocaba 4-1 por delante, sin miedo al suizo, manteniendo sus tres servicios y rompiendo al número uno el suyo. Esa ventaja resultó ser decisiva pues ninguno de los jugadores soltaría su servicio hasta el final, resultando un 6-3 para el balear tan justo como merecido.



Después de estas seis horas de tenis vividas entre Nadal y Djokovic, y Nadal y Federer, uno sólo puede comenzar a contar las horas que faltan para que empiece el siempre deseado Roland Garros.

3 comentarios:

Galoagui dijo...

Excelente crónica de una final apoteósica.

cebolla dijo...

Hacía tiempo que no veia tenis como el de estos dos días. El partido del sábado fue pura emotividad. Nole y Rafa dejaron el corazón en un partido de un nivel magnífico. Cada punto era mejor que el anterior, cada tiro más profundo, cada dejada más ajustada.

La final subió un poco más el listón. Al gran nivel técnico, se le añadió un juego inteligente y estratégico. Roger le jugaba a Rafa puntos rápidos y subia a la red a la que podía, mientras el balear le buscaba el revés a Federer con tiros cada vez más angulados, que alternaba con sus clásicos passings imposibles.

wallabee dijo...

Galoagui, gracias por tus comentarios.

Cebolla, tienes toda la razón. Han sido dos días espectaculares. Seis horas de tenis concentrado de un nivel excelente. Esperemos que sea el preámbulo de un gran Roland Garros y un mejor Wimbledon.

¿Creéis que habrá algún invitado sorpresa en estos dos torneos que se una a este triplete Federer-Nadal-Djokovic y se pueda colar en alguna de las dos grandes finales?